Homilía de Mons. Dionisio G. García Ibáñez, Arzobispo de Santiago de Cuba. Basílica Santuario de Nuestra Señora de la Caridad, 2 de octubre de 2022, domingo XXVII del Tiempo Ordinario

“Señor, auméntanos la fe” (Lucas 17, 5)

Hermanos,

Las lecturas de hoy en primer lugar, parten de la realidad de la vida, parten de la realidad. Y después nos van llevando, poco a poco, nos va llevando a cómo la realidad está que se constata en la primera lectura, tenemos que vivirla, tenemos que entenderla, tenemos que pensarla, a partir de la fe. A partir de la fe, porque encontramos sentido a la vida a partir de la fe, y también qué debemos hacer, cómo podemos actuar, para precisamente enfrentar la realidad que nos toca vivir.

En primer lugar, el profeta Habacuc habla de un hecho que tal vez uno lo tiene en la boca constantemente, pero hay veces que sí creo que esta es una de las circunstancias que está vigente, muy presente. ¿Hasta cuándo voy a aclamar Señor sin que tú me escuches, te gritaré violencia sin que Tú me salves? ¿Por qué me haces ver, y aquí viene, desgracias, me muestras trabajos, violencia, catástrofes, surgen luchas, contiendas? Hermanos, creo que la humanidad entera está viviendo esto, uso más unos menos. Una guerra en Ucrania, Rusia y Ucrania sin sentido, dos pueblos hermanos que tienen una misma raíz, sin sentido, pero están en guerra y muriendo mucha gente. Otros pueblos en África que están en la misma situación. Situaciones devastadoras también en otros lugares, un mundo incierto, amenazas de armas nucleares, que ni nos imaginamos qué podría pasar.

Aquí entre nosotros, bueno, las diferentes situaciones que estamos pasando, como por ejemplo, el mismo desastre de este ciclón Ian que tanto daño ha causado, este apagón enorme producto de todas estas circunstancias del paso del ciclón y de la crisis energética que teníamos de hace tiempo. Tantas personas que quieren marchar del país, la situación económica que estamos viviendo, que todo eso se traduce entonces en una especie de incertidumbre que marca a todos los demás aspectos de nuestra vida, la educacional, la médica, la de salud pública, la convivencia.

Hermanos, estamos viviendo así. El domingo pasado, la entrada en vigencia de una nueva ley. Que fue aprobada por menos del 50% de la población, pero va a entrar en vigencia. Una nueva ley que fue promovida, defendida, introducida y atosigada podemos decir así, dado al pueblo para que se aprobara, pero que al final menos de un 50% la aprobó para entrar en vigencia. Esas son cosas que dejan a la gente, Señor, pero Señor ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Es lógico que sea así? Es lógico que, ante esas situaciones, nos preguntemos Señor, ¿qué pasa? ¿Qué pasa? Esta es la respuesta de Dios.

 Primer lugar, acuérdense que Él nos dijo y que lo sabemos, que este mundo no es perfecto. Es decir, siempre vamos a tener estas situaciones. El que piense que el Reino de los Cielos se va a construir aquí en la tierra y que todo el mundo será feliz, sabemos que ese se engaña a sí mismo. Pero muchas veces las mismas ideologías nos han tratado de engañar hablando del paraíso en la tierra. Sabemos que no, ahora ¿qué respuesta da el Señor? La respuesta que el mismo Señor dice aquí, dice: Hermanos, espera su momento. El Señor se hará presente, no fallará. Porque hará llegar. El injusto tiene el alma hinchada, se cree que ya se ganó el mundo, pero el justo vive por la fe,porque la fe le dice que la última palabra la tiene Dios. Que las cruces están presentes, que tenemos que tratar de quitarnos las cruces, pero aquellas que están ahí, porque nos caen como nadie quisiera, todas estas situaciones. Ah, pero qué respuesta hay ¿la derrota, el pesimismo? No. La fe nos dice que al final el Señor triunfará. Y Él sabrá, Él llegará.

Esto que nosotros vemos aquí es lo que trata precisamente el apóstol Pablo de decirle a Timoteo en la segunda lectura. Llega a Timoteo, lo sabemos muchísimo, era aquel joven que escuchó a Pablo desde muy joven, le siguió, que fue mayor, lo nombraron obispo de una ciudad y Pablo le da consejos. ¿Qué le dice Pablo a Timoteo? Mantengamos aquí detrás de la oreja, eso que acabamos de decir este tiempo de decir, Señor ¿hasta cuándo con tantas cosas, hasta cuándo? ¿Qué dice aquí? Hermano, no te desanimes, no te desanimes, acuérdate que la Cruz tienes que cargarla es como si le dijera eso, el que no carga con mi cruz y me sigue ese no es digno de mí. ¿Qué le dice? Aviva el fuego de la gracia de Dios, anímate avívate, porque Dios no nos ha dado un Espíritu cobarde. No te dejes caer en las dificultades y en los fracasos aparentes, o victorias transitorias del mal. No te dejes aplastar. Porque Dios nos ha dado un Espíritu cobarde, sino un Espíritu de energía, fortaleza, amor tiene que estar en todo y buen juicio. Fortaleza, voluntad, amor, caridad y buen juicio.

Las tres cosas son importantes fundamentales, todo pasará el amor nunca. Pero el buen juicio es necesario, la voluntad necesaria para alcanzar precisamente que el amor triunfe. Porque si actuamos con más juicio o sin voluntad, el mal es el que triunfa. No tengas miedo de dar la cara por nuestro Señor Jesucristo y por mí que soy su prisionero, no te amilanes. Como decía ahorita, o que aparentemente te sientas derrotado, no te amilanes. Hay veces que el enemigo nos hace sentirnos derrotados, no, no te amilanes.

Y, ¿qué hay que hacer? Estoy leyendo el mismo texto y comentándolo. Toma parte en los duros trabajos del Evangelio, según la fuerza que Dios te dé. Esa palabrita, que muchas veces he repetido aquí en la predicación que creo que es colombiana, ese dicho que a mí me gusta mucho, tranquilo, tranquilo. Tranquilo, toma parte de los trabajos del Evangelio según la fuerza que Dios te dé, ten delante la visión que yo te di con palabras sensatas, y vive con fe y amor cristiano. Guarda este tesoro con la ayuda del Espíritu Santo que habita en nosotros.

A ese espectáculo dantesco con que empezamos las lecturas, el Señor nos dice fortaleza, cabeza alta, saber que el Señor se hará presente, saber que el justo vive por la fe, porque aparentemente pueda parecer derrotado, pero no lo está, porque Dios nunca es derrotado. Y así es como es, como nosotros tenemos que enfrentar estos momentos. Y, nuestro pueblo necesita enfrentar esta situación difícil así, con este Espíritu. Señores, nos podemos levantar, podemos seguir haciendo el bien, podemos seguir trabajando, podemos seguir fomentando el amor entre nosotros, respetándonos unos a otros. Puede ser que al final alguien pregunte, bueno, y después qué. No sabemos, la promesa del Señor es estarán conmigo en el Reino de los cielos. Estarán conmigo, pero no se sientan, no nos sintamos que porque respondemos al Señor somos los mejores y nos lo merecemos todo, no, no es así. Siervos humildes somos y eso no lo dice el Evangelio.

Este Evangelio es importante, parece muy sencillito y es cortico, pero es muy importante. Cuando los discípulos le preguntaron por la fe y Jesús le dice esta parábola del labrador. Acuérdense que ya había en ese momento discípulos que querían ser los primeros en el Reino de él, Juan, Santiago, querían ser los primeros. Y este este pasaje… el Señor les dice después que ustedes hayan soportado esas luchas, esos momentos duros y lo hayan soportado con esa fe y esa valentía y entereza, con juicio, con amor, con valor, después que lo han enfrentado, no se crean mejores que los demás. No se crean que han hecho, no se crean que son otros dioses que pueden crear paraísos en la tierra, no. Al final digan siervos inútiles somos, hemos hecho lo que teníamos que hacer.

Hermanos, si cada uno de nosotros, cuando se encuentre en la soledad con Dios le dice, Señor todo esto que he hecho, esto que dice el texto, toma parte en los duros trabajos del Evangelio. Todo esto. No hay nada comparado con lo que Tú haces por mí. Yo soy una criatura y tú me quieres elevar a estar contigo en el Reino de Dios junto a ti.

Cuando contemplamos esa diferencia. Entonces podemos decir clarito, Señor, gracias, gracias por todo lo que tú me has dado, siervos inútiles somos, sólo hemos hecho lo que teníamos que hacer, y haciendo lo que teníamos que hacer porque tú nos lo pediste, es que vamos a alcanzar la gloria eterna, vamos a alcanzar la felicidad y esperemos tu respuesta en medio de nosotros.

Que Dios nos ayude hermanos a vivir así.

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Un comentario sobre “Homilía de Mons. Dionisio G. García Ibáñez, Arzobispo de Santiago de Cuba. Basílica Santuario de Nuestra Señora de la Caridad, 2 de octubre de 2022, domingo XXVII del Tiempo Ordinario

  1. GRACIAS!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

    EN COMUNION DE ORACIONES POR UCRANIA GRACIAS Unidos en el Corazón de Nuestra Madre, y con Ella al pie de su Hijo sediento en la Cruz «Ahogar el mal en abundancia de bien». San Josemaria Escriva (cf Lumen gentium 61) AMDG Saludos René HORIZONTESDECRISTIANDAD.ORG TODOCATOLICO.ORG TWEETER @todocatolicoO

    “Prefiero una Iglesia herida, accidentada, manchada por salir a la calle, que una Iglesia enferma por la comodidad y el encierro de aferrarse a sus propias seguridades” (“Evangelii Gaudium,” 49).

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