Mensaje de Mons. Juan de Dios Hernández Ruiz, SJ, Obispo de Pinar del Río del comentario del evangelio del 25 de septiembre de 2022, XXVI domingo del Tiempo Ordinario

Queridos hijos e hijas soy Mons. Juan de Dios Hernández, obispo de esta diócesis de Pinar del Río que abarca los territorios desde Guanajay hasta Las Martinas.

El pasaje de hoy es una continuación temática del Evangelio del domingo pasado. Hace ocho días, a propósito de la parábola del administrador infiel, reflexionábamos en el peligro de las riquezas, no porque éstas sean malas, sino por las consecuencias tan deplorables que a veces ellas llevan consigo. “No podéis servir a Dios y al dinero”, nos decía Jesucristo. Y la parábola de hoy es una clarísima ejemplificación de esta enseñanza.

El rico vive en una burbuja. Tiene de todo y sus riquezas no le dejan ver lo esencial. Su vida está marcada por la indiferencia hacia aquello que no sea él mismo. Como no ve, es incapaz de salir hacia los demás y dejarse tocar por otras realidades. Lo más importante (¡y lo más terrible!) que ocurre al lado del rico es la situación de Lázaro, una persona sumida en extrema pobreza, tanto que su existencia es una sombra más entre los perros.

El rico no hace nada mal: no odia, no mata… pero su gran pecado es evadir la propia responsabilidad, acomodarse en la indiferencia, mantener una vida plácida y sin compromisos hacia el hermano, girar la cabeza para no ver ni escuchar. La conclusión de la parábola es muy dura: no hay remedio para quien, en vida, no abrió los ojos al hermano ni dispuso sus oídos para la escucha de la Palabra. La actualización es sencilla: ¡escuchen y vean!

La avaricia, el abuso y la indiferencia a la que conducen las riquezas se han visto en todas las épocas de la historia de la humanidad.

También hoy en día sucede algo parecido. Tal vez en nuestras propias comunidades conocemos a algunas personas que viven en extrema pobreza y pasan apremiantes necesidades en su cuerpo o en su alma. A lo mejor los vemos todos los días en la calle, en las esquinas de las grandes avenidas pidiendo alguna caridad. Y quizá pasamos a su lado y nos encogemos de hombros pensando que ése no es nuestro problema, y no movemos ni un solo dedo para socorrerlos. A muchos los vemos postrados, como el pobre Lázaro, y tal vez no nos compadecemos de ellos ni les damos siquiera las migajas que caen de nuestra mesa.

Cristo nos habló centenares de veces en el Evangelio acerca del cielo y del infierno, como premio o castigo de nuestras obras. No es un cuento de niños ni un invento de la Iglesia. Es una verdad fundamental de nuestra fe. De lo contrario, ¿a qué vino Jesucristo a la tierra? ¿Para qué se encarnó, abrazó los terribles sufrimientos de su pasión y murió en la cruz? Para salvarnos, ¿de qué? Si no hay un infierno y un cielo, todo eso no tiene ningún sentido.

El rico epulón fue condenado a las llamas del infierno por su egoísmo, su indiferencia y por no haber ofrecido su ayuda al pobre; no por haber sido un ladrón o un asesino, sino por su gravísimo pecado de omisión. Su culpa fue el haber pasado la vida entera sin pensar en los demás y el no haber abierto sus entrañas al necesitado. Ojalá que a nosotros no nos suceda lo mismo. Recordemos aquello que solía repetir san Juan de la Cruz: «En el atardecer de la vida seremos juzgados sobre el amor».

Pidamos al Señor que nos ayude a saber dar amor y recibir amor. Rezamos por todos los necesitados de misericordia y nos comprometemos a ayudarles. Que nuestro amor al prójimo sea semilla de evangelización.

Que María de la Caridad ponga a Jesús en nuestro corazón.

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Un comentario sobre “Mensaje de Mons. Juan de Dios Hernández Ruiz, SJ, Obispo de Pinar del Río del comentario del evangelio del 25 de septiembre de 2022, XXVI domingo del Tiempo Ordinario

  1. GRACIAS!!!!!!!!!!!!!!!

    EN COMUNION DE ORACIONES POR UCRANIA GRACIAS Unidos en el Corazón de Nuestra Madre, y con Ella al pie de su Hijo sediento en la Cruz «Ahogar el mal en abundancia de bien». San Josemaria Escriva (cf Lumen gentium 61) AMDG Saludos René HORIZONTESDECRISTIANDAD.ORG TODOCATOLICO.ORG TWEETER @todocatolicoO

    “Prefiero una Iglesia herida, accidentada, manchada por salir a la calle, que una Iglesia enferma por la comodidad y el encierro de aferrarse a sus propias seguridades” (“Evangelii Gaudium,” 49).

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