Mensaje de P. Wilson Ferney Cuervo, párroco de Jatibonico en la Diócesis de Ciego de Ávila, para el domingo XXIV del Tiempo Ordinario. Comentando el evangelio del 11 de septiembre 2022

En este domingo, día del Señor, donde los creyentes nos reunimos a celebrar la vida y a celebrar la Resurrección de Cristo, la Liturgia de la Palabra nos ayuda a profundizar en lo que el pueblo, en sus decisiones, puede llegar a cometer. La primera lectura nos habla de un pueblo que se extravió de lo fundamental, que se realizó ídolos para idolatrarlos y cómo Dios, en su infinita misericordia, le otorgó el don de la conversión de volver a lo fundamental. Ha habido cosas que han deteriorado a nuestro pueblo y el resultado de ello es que se destruye todo a su paso y precisamente, esa primera lectura nos ayuda a descubrir cómo Dios lo único que quiere es reconstruir a su pueblo; en medio del deterioro que vivía el pueblo, en todos los sentidos, Dios lo reconstruía. ¡Qué gran ejemplo para nuestro pueblo, para nuestras comunidades! Donde encontramos también tantas situaciones que nos han deteriorado, que nos han destruido, cómo Dios viene a reconstruirnos. La segunda lectura nos ayuda a comprender que cada ser humano tiene una historia de conversión, particularmente Pablo nos va a hablar cómo él, después de haber perseguido lo fundamental, después de haberse equivocado en la vida, después de haber perseguido el proyecto de Jesús, Dios lo miró con misericordia para liberarlo de la muerte, para liberarlo del sin sentido. Pablo reconoce su historia. Cada uno tiene su historia particular, una historia que se ha tejido por lo que hemos decidido en la vida o por lo que hemos buscado. Que Dios reconstruya la mejor historia en cada uno de nosotros.

Finalmente, el evangelio, como perla de toda la Liturgia de la Palabra, nos indica cómo Jesús era asediado por tantas personas y criticado por muchos de ellos, por su estilo de vida, por su modo de ver la vida, por su modo de actuar y por su modo de acoger a los otros de una manera muy especial: acoger al frágil, al pecador, al que necesitaba ser visto de una manera diferente. Jesús utiliza esa bella parábola del pastor que se le extravía una oveja y va en busca de la otra o la mujer que se le pierde una moneda, la busca y cuando la encuentra hace una gran fiesta y, finalmente esa bella parábola del padre misericordioso. Nunca podemos perder de vista que la lógica de Dios es la misericordia, que Él viene a buscar y encontrar a cada ser humano para devolvernos la integridad de vida. Cada uno de nosotros, en nuestras búsquedas, debemos encontrar ese rostro de Jesús que no juzga, no crítica, que nos da la oportunidad de volver a lo fundamental. En medio de las críticas que le hacían a Jesús porque se juntaba con personas no tan rectas socialmente, Él siempre les daba una oportunidad.

Que cada uno de nosotros aprendamos a acoger al otro con misericordia, con ternura, para recobrar la alegría y lo fundamental de la existencia. Que Dios, que nos mira siempre con bondad y que nos invita siempre a lo fundamental, acompañe nuestros proyectos. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

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