Mensaje de Mons. Juan de Dios Hernández Ruiz, SJ, Obispo de Pinar del Río. Comentario del evangelio del XVIII domingo del Tiempo Ordinario, 31 de julio de 2022

Queridos hijos e hijas soy Mons. Juan de Dios Hernández, obispo de esta diócesis de Pinar del Río que abarca los territorios de las provincias civiles de Pinar del Río y parte de Artemisa.

Hoy el evangelio nos recrea uno de los encuentros de Jesús con la gente, escena en la que, valiéndose de una parábola, Cristo nos transmite una gran enseñanza: no seamos avariciosos.

La avaricia es una de las grandes tentaciones que pueden excitar al ser humano. Impide valorar y disfrutar lo que uno tiene. Una persona avariciosa solo piensa en sí misma y no en los demás. Ante la solicitud de aquel hombre, Jesús aprovecha la ocasión para advertirle del peligro de poner toda la confianza en los bienes terrenales.

En la Liturgia resuena la palabra provocadora de Eclesiastés: “Vanidad de vanidades… todo es vanidad”. Los jóvenes son particularmente sensibles al vacío de significado y de los valores que a menudo les rodean. Y lamentablemente pagan las consecuencias.

¿Qué es lo que buscamos en la vida? El contrapunto a la ansiedad del hombre por acumular lo encontramos en la respuesta de Jesús: acumular riquezas ante Dios es alcanzar la hermandad, la fraternidad, la solidaridad y la caridad. El único lugar seguro para depositar nuestros tesoros es en Dios mismo. El afán de acumular riquezas nos hace olvidar que somos frágiles y limitados, nos hace vivir egoístamente y hasta olvidarnos de Dios como el dueño de nuestra vida.

Este evangelio es engañador para quien lo lee superficialmente: ¿es malo tener grandes cosechas? ¿Es malo construir graneros donde guardarlas? Nada de eso. Cristo elogiará siempre a los hombres sagaces y prudentes.

El problema está en el alma. El desdichado protagonista de la parábola invita al alma a descansar, a dejar todo esfuerzo porque tiene todo lo suficiente para vivir. Cristo está refiriéndose en estas líneas a la eterna tentación de todo pueblo y toda persona que alcanza cierto nivel de bienestar y cree que ya no necesita de Dios por tener cubiertas las necesidades corporales.

Cuando el hombre tiene pan, placeres, seguridad social y pasatiempos apetecibles, no siente la necesidad de Dios y tampoco cree que el demonio actúe, pues a él no le toca. Pero también los hay que gozan de sus bienes sin olvidarse que el alma necesita trabajar y hacer obras buenas, y además, comparten lo que tienen poniéndolo al servicio del Evangelio y de sus hermanos.

La vida es un período de tiempo, corto, que tenemos para decidir nuestra eternidad, y para amar. Cada día mueren millones de personas, un día será el tuyo y el mío. Un día todo habrá acabado y tenemos en nuestras manos que ese día sea el mejor de nuestras vidas. Hemos de trabajar sin descanso, pensando en el día que todo será descanso. Puede que la idea del Cielo no nos incentive demasiado, que prefiramos un premio terrenal, que creamos que el cielo es una levitación aburrida…, no desconfiemos, cuentan de aquel pobre vagabundo que pidió a un rey una moneda y éste le miró con cariño y le lavó, le vistió con las mejores galas y lo llevó a palacio. No nos quedemos con la moneda de la felicidad terrenal, confiemos en nuestro Rey que mirándonos con amor nos dará muy por encima de lo que pidamos e imaginemos. Todo lo que deseamos y mucho más está en el cielo, pues ¡vamos a llenarlo!, vamos a dedicar nuestra vida a hacer felices a los hombres, a llevarles al cielo.

Que María de la Caridad ponga a Jesús en nuestros corazones.

Un comentario sobre “Mensaje de Mons. Juan de Dios Hernández Ruiz, SJ, Obispo de Pinar del Río. Comentario del evangelio del XVIII domingo del Tiempo Ordinario, 31 de julio de 2022

  1. GRACIAS!!!!!!!!!!!!!!!!

    EN COMUNION DE ORACIONES POR UCRANIA GRACIAS Unidos en el Corazón de Nuestra Madre, y con Ella al pie de su Hijo sediento en la Cruz «Ahogar el mal en abundancia de bien». San Josemaria Escriva (cf Lumen gentium 61) AMDG Saludos René HORIZONTESDECRISTIANDAD.ORG TODOCATOLICO.ORG TWEETER @todocatolicoO

    “Prefiero una Iglesia herida, accidentada, manchada por salir a la calle, que una Iglesia enferma por la comodidad y el encierro de aferrarse a sus propias seguridades” (“Evangelii Gaudium,” 49).

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