Mensaje del P. Camilo de la Paz Salmón Beatón, párroco de San José Obrero, Arquidiócesis Santiago de Cuba. Comentario del evangelio del 24 de julio de 2022, XVII Domingo del Tiempo Ordinario

Señor, enséñanos a orar, como Juan enseñó a sus discípulos” Lucas 11,1

Hermanos,

Cuando se inició la misa presentamos en el altar de Nuestra Señora de la Caridad del Cobre, como intención primera, la contemplación de nuestra alma en los misterios divinos. Uno cuando empieza a establecer relaciones humanas con las personas, especialmente el cubano de hoy, puede notar que hoy en nosotros no existe la preocupación de la oración, no existe la preocupación de la contemplación. Hay una escasez también de confianza, de abandono a la voluntad de Dios; y un pueblo o una persona que no establezca en la oración una relación con el Padre Celestial, podríamos afirmar con seguridad que es una persona seca, vacía y fría.

Es por eso que hoy en el altar de Nuestra Señora de la Caridad del Cobre, le pedimos a Jesucristo que cada uno de nosotros, cada persona que tiene un contacto con Dios en esta Santa Misa, tenga un encuentro directo con su rostro amoroso. Es lo más bello que un ser humano pueda tener, encontrarse con Jesús.

La oración es un don, la oración es un regalo de lo alto, la oración es el espacio donde el alma humana encuentra un alivio, donde los hijos de Dios establecen a través de un método preciso una relación directa con el Padre. Hay métodos para orar, hay pasos para orar.

Fíjense como hoy se nos presenta en la primera lectura de la liturgia de la Palabra, como centro, esa dimensión de mediación que tiene la oración. Abraham frente al pecado de Sodoma y Gomorra, un pecado grave, un pecado de impureza, un pecado donde el ser humano sin valorarse, y sin creer en Dios, tira al suelo la dignidad y la moral de su persona. Fatal, fatal para Dios, y Dios va a castigar a Sodoma y Gomorra, y por la oración de Abraham, por la intercesión de Abraham se mueve la misericordia divina.

Ese es el primer punto en el cual nosotros siempre tenemos que tener en claridad para acercarnos a Dios en la oración. Dios es misericordia. ¿Cuántas veces Abraham suplica a Dios por el perdón de estas personas? ¿Cuántas veces Abraham mueve el corazón infinito de Dios? Pero Dios es amor, Dios es misericordia infinita. En esta lectura tenemos como enseñanza de que Dios a un corazón contrito, humillado, humilde, que lo busca con confianza, no hay pecado tan oscuro que pueda nublar su Divina Misericordia.

Es lo que también vemos en el diario de Santa Faustina Kowalska, con el diálogo que se establece entre Jesús y Sor Faustina, y todos los mensajes que tienen como esencia, ese corazón herido por la salvación humana que se mueve misericordiosamente para redimir a los pecadores. Esa es nuestra primera idea, y con Santa Catalina repetimos, “yo quiero acogerme a su Divina Misericordia” y Él también quiere, porque Dios quiere que mi corazón se abra a la Gracia de la oración y establecer ese vínculo, esa unidad del alma con Dios que implora la redención de la humanidad.

En este pasaje vemos un tipo, desde la fe de Abraham nuestro Patriarca, ese tipo de Cristo mediador, un Cristo que en la cruz también pide por la naturaleza humana caída, como Sodoma y Gomorra, como dice el evangelista, “cuando sea elevado atraeré a todos hacia mí”. Es su energía, su pasión, su luz, que cautiva  a las almas.

Un segundo paso, y una segunda idea en la liturgia de la Palabra, se presenta, en esa carta del apóstol san Pablo a los Colosenses. Un hombre que ora, una persona, un hijo de Dios que ora, que es capaz de en su interior tomar en una suspensión del juicio, todas las preocupaciones, todo el pasado, todo el presente que se nos va en pequeñas gestiones para la supervivencia, un futuro incierto; un hombre que es capaz de entrar en su interior y recoger sus complejos, sus incapacidades, frustraciones; un hombre que es capaz de aceptar el pecado de su vida, pero que es capaz también de ubicar todo aquello que me separa de Dios y que está en mi interior, para dirigirme al Eterno. Ese hombre en la oración participa de la vida de Cristo, ese hombre no está muerto, ese hombre está vivo.

Porque mientras oremos y mantengamos un horario preciso y fiel a la oración litúrgica de la iglesia, constante; una oración centrada en los misterios de Cristo, donde nosotros podamos entrar en nosotros mismos, entrar en nosotros mismos habitar nosotros solos en un silencio profundo, sin que las preocupaciones nos quiten la paz, y nos dividan internamente, es cuando nosotros vamos a aceptar que en Cristo estamos vivos.

No son los sistemas los que te quitan la vida interior, no es el hambre corporal el que te quita la paz, no. No has logrado ubicar tus preocupaciones en el lugar que le corresponde para que tu centro de alma solamente sea de Dios. La paz te al quitan tus preocupaciones inútiles, no puedes agregar un día más a tu vida, ten paz, que solamente existen Él y tú.

Una tercera idea para concluir es la lección de oración que nos brinda Jesús en el evangelio. La actitud de Jesús siempre fue una actitud contemplativa. Martín Descalzo, gran especialista en la vida de Cristo, nos enseña que las lecturas del evangelio recogen más citas de Jesús orando a solas, recobrando fuerzas y comunicándose con el Padre, que una vida meramente activa. Su vida es una vida de oración en el cielo, y la lección, con esto concluyo, la lección que nos brinda Jesús es que la oración del Padrenuestro es la oración breve e intensa, que tiene como centro “y danos hoy el pan de cada día”, que está centrada en su cuerpo que se ofrece y es la oración de confianza del hijo al Padre.

Por tanto, con Santa Teresita decimos, “Señor, en tu presencia soy un pequeño niño, en tu presencia soy el niño que busca misericordia, soy la pequeñez frente a la grandeza, soy lo diminuto frente a lo infinito, soy una partícula de amor en el inmenso mar de tu misericordia”.

Hoy le pedimos a Jesucristo, el Señor, que podamos revalorizar nuestra vida interior. No se dejen aplastar por los tiempos presentes. Es una tentación de Satanás. Es verdad que queremos una Cuba mejor, es verdad que el gran sueño histórico es una Cuba con democracia, pero ojalá y ese sueño, esa Patria y Vida que se dice, sea una vida consagrada a Jesucristo, no al consumo, no a la superficialidad del materialismo, no a la sensualidad, a viajar, a tener, a ser… Dios permita que ese mensaje de vida, sea para que el hombre cubano, nosotros, seamos mejores personas, capaces de construir una Patria, una vida, una sociedad, una familia desde las raíces profundas del cristianismo; sino, será igual o peor.

Hoy nosotros le pedimos a Santa María de la Caridad del Cobre, ella que contempla a Jesús en todas las facetas de su vida, que nos acompañe en esta misa, para contemplarle en su sacrificio del altar que es el misterio de la cruz.

Que así sea.

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