Mensaje de Mons. Juan de Dios Hernández Ruiz, SJ, Obispo de Pinar del Río. Comentario del evangelio del 17 de julio de 2022, XVI Domingo del Tiempo Ordinario

Queridos hijos e hijas soy Mons. Juan de Dios Hernández, obispo de esta diócesis de Pinar del Río y pastor de todos.

Continuamos camino hacia Jerusalén. Un camino catequético en el que Jesús va enseñando a sus seguidores a ser sus discípulos. En este contexto, el Maestro ofrece hoy una clave discipular. La ocasión se la ofrecen dos mujeres conocidas por el evangelio: Marta y María de Betania. Mientras Marta vive con ansiedad su trabajo, desviviéndose por el huésped, María se sienta a los pies de Jesús en actitud de discípula, escuchando sus palabras.

Esta historia nos puede ayudar a comprender que hay cosas buenas y necesarias, pero que no son las más importantes de la vida. Mientras que otras, aunque sean aparentemente menos importantes, son las más fundamentales. En otras palabras, nos descubre el sentido de lo esencial.

El Evangelio de hoy nos revela de una manera clarísima el sentido de lo esencial en nuestra vida.

A Jesús le complacía hospedarse en la casita de Betania porque allí tenía buenos amigos que lo querían, lo acogían con gusto y con quienes pasaba unos ratos de descanso y de familiaridad muy agradables. Lázaro, Marta y María eran amigos y confidentes de nuestro Señor. Marta –la hermana mayor— fungía de anfitriona, de ama de casa, y se multiplicaba para atender lo mejor posible a un Huésped y a un Amigo tan singular. Hacía todo lo viable por «lucirse» en el servicio y en las atenciones… «Se multiplicaba para dar abasto con el servicio» nos dice el evangelista.

Mientras tanto, María, toda despreocupada, «sin hacer nada», se sentaba plácidamente a los pies del Señor a escuchar su palabra. Marta, toda nerviosa y ajetreada, se para entonces un momento y, en tono de queja, le dice a Jesús que le pida a la hermana menor que la ayude en el servicio, ya que ella no alcanza con todo.

Seguramente esperaba que, ante la petición del Maestro, su hermana se levantara a ayudarla. Y, sin embargo… No sólo no logró que María le echara una mano, sino que, además, se ganó una dulce reprensión de parte del Señor: «Marta, Marta, tú te inquietas y te turbas por muchas cosas… pero sólo UNA es necesaria –le dice-. María ha escogido la mejor parte, y no le será arrebatada».

Yo creo que no siempre se ha hecho justicia a Marta. Tal vez hemos pensado que Marta se ganó el regaño del Señor porque estaba equivocada. No. Marta estaba haciendo una cosa estupenda, maravillosa: estaba sirviendo al Señor. ¡Qué privilegio! Sin embargo, a pesar de todo, sí tuvo un error, y Jesús no tardó en hacérselo ver. El problema no está en servir al Señor, sino en la manera de hacerlo. Lo que Jesús reprueba no son sus servicios y sus atenciones, sino la agitación, la dispersión, el andar corriendo en mil direcciones y perder la paz del corazón.

Marta se deja ganar por lo urgente y sacrifica lo importante; se queda con lo accidental y descuida lo esencial; se deja copar por el activismo y olvida la contemplación, la escucha de la palabra del Señor, que es lo que verdaderamente importa. Olvidó que la llegada del Señor a su casa era la gran oportunidad para estar con Él y escucharlo, y prefiere, en cambio, la acción. Pero cae, al mismo tiempo, en la precipitación, en el ruido, en la agitación y el nerviosismo. «La prisa –nos dice Tito Livio en un pasaje de sus Annales- es imprudente y ciega». Marta acoge a Jesús en su casa, pero María lo acoge dentro de su corazón, en su propia intimidad.

Tal vez incluso Marta quería quedar bien ante el Señor, reservándole lo mejor de sus servicios, pero se quedó en las cosas del Señor; mientras que María escogió al Señor de las cosas y le entregó su ser entero.

Por eso, creo que habría que preguntarnos hoy a qué damos nosotros más importancia en nuestra vida: al «actuar» o al «ser»; al activismo y a una cierta «herejía de la acción» o a la oración y a la contemplación, que es la condición indispensable para una acción fecunda en el apostolado. Si no tenemos el corazón lleno de Dios, nuestra acción será sólo un ruido vacío y estéril. «Mucho ruido y pocas nueces», reza el proverbio popular.

No se trata de preferir una de las dos actitudes y de descartar la otra. Hemos de unir las dos dimensiones en nuestra vida,pero insistiendo en lo ESENCIAL: oración y acción, escucha y servicio. Pero siempre, poniendo lo primero en el lugar que le corresponde. Ojalá que a nosotros no nos tenga que llamar la atención nuestro Señor, como a Marta: «Tú te inquietas y te turbas por muchas cosas, pero una sola es necesaria».

Que María de la Caridad ponga a Jesús en nuestros corazones.

Un comentario sobre “Mensaje de Mons. Juan de Dios Hernández Ruiz, SJ, Obispo de Pinar del Río. Comentario del evangelio del 17 de julio de 2022, XVI Domingo del Tiempo Ordinario

  1. GRACIAS!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

    EN COMUNION DE ORACIONES POR UCRANIA GRACIAS Unidos en el Corazón de Nuestra Madre, y con Ella al pie de su Hijo sediento en la Cruz «Ahogar el mal en abundancia de bien». San Josemaria Escriva (cf Lumen gentium 61) AMDG Saludos René HORIZONTESDECRISTIANDAD.ORG TODOCATOLICO.ORG TWEETER @todocatolicoO

    “Prefiero una Iglesia herida, accidentada, manchada por salir a la calle, que una Iglesia enferma por la comodidad y el encierro de aferrarse a sus propias seguridades” (“Evangelii Gaudium,” 49).

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