Mensaje de Monseñor Juan Gabriel Díaz Ruiz, Obispo de Matanzas. Comentario del evangelio del IV domingo de Pascua, 8 de mayo de 2022 y día de las madres en Cuba

El IV Domingo de Pascua tradicionalmente se conoce como «el domingo del Buen Pastor» porque el evangelio de cada uno de los tres ciclos litúrgicos está tomado de las enseñanzas de Jesucristo contenidas en el capítulo 10 del Evangelio según San Juan. Uno de los temas centrales de esta parte es el del Buen Pastor y las ovejas del rebaño, o sea, los cristianos que forman la Iglesia: una relación estrecha, íntima, en la cual la persona de Cristo, el Señor, tiene el lugar central. Sin Él, el rebaño se dispersa irremediablemente y estaría condenado a desaparecer para siempre, porque la razón de la existencia de la Iglesia no está en la misma, sino en Cristo, quien llama a la fe y convoca a los creyentes para que sean sus testigos en el mundo.

El basamento de la Iglesia, por tanto, está en el Señor, que ha dado la vida por todos, y en cuyas manos podemos tener la certeza de que no se perderá ninguno de los que ha escuchado su llamada a  creer en Él, porque en medio de todo está Dios y su soberana voluntad de salvar la Humanidad.

Este capítulo 10 del Evangelio según San Juan está lleno, pues, de palabras esperanzadoras, que invitan a confiar en el Señor y a no perder la serenidad y la paz, incluso en medio de las situaciones más difíciles. Si el Hijo de Dios ha sido capaz de dar la vida por nosotros, si quiso afrontar el sufrimiento y la muerte por tal de darnos acceso pleno a la vida eterna junto a Dios, entonces no puede haber lugar para el temor porque Él, el Buen Pastor, ha mostrado su amor por nosotros cuando llegó al punto de entregar la vida por sus ovejas.

También este capítulo evangélico es una llamada de atención para quienes han recibido la misión de pastorear el Pueblo de Dios, no sea que, al contrario de Jesucristo, busquen su propio beneficio y no el bien del rebaño que se les encomendó. Al mismo tiempo, es una buena ocasión para agradecer a Dios por aquellos buenos pastores que nos ha enviado para acompañar nuestra vida de fe en todas las circunstancias, buenas o malas. No estaría de más, tampoco, que, si nos es posible, expresáramos en persona ese agradecimiento a quien corresponda, que eso, de seguro, lo animaría a seguir imitando a Jesucristo, el Buen Pastor, que ha dado la vida por sus ovejas.

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