Mensaje de Mons. Juan Gabriel Díaz Ruiz, obispo de Ciego de Ávila. Comentario del evangelio del III Domingo de Pascua, 1 de mayo de 2022

      

Una vez más, —la tercera, según el evangelio de San Juan—, Cristo resucitado se aparece a los discípulos, en esta ocasión, después de toda una noche de esfuerzo, sin haber podio pescar nada. La pesca sobreabundante, el reconocimiento de la identidad de aquel hombre misterioso que los manda echar, de nuevo, las redes, son escenas que todos hemos leído o escuchado con frecuencia, sobre todo en las celebraciones del tiempo de Pascua.

En estas apariciones del Resucitado a sus discípulos Él constituye siempre el centro de referencia que los unifica. Los discípulos, sin el Señor, son un grupo disperso, confundido que vaga a la deriva, sin rumbo fijo. Cuando su Maestro se hace presente en medio de ellos, entonces todo cambia: se llenan de alegría, los inundan la paz y la serenidad, miedos y temores quedan atrás; en definitiva, vuelven a ser la comunidad de los discípulos de Jesús. Incluso las debilidades, las cobardías, las traiciones y pecados son cosas del pasado, ya no tienen poder para desanimarlos o impedirles seguir adelante: la triple pregunta de Cristo Resucitado a Pedro (que lo negó tres veces) y, principalmente, el mandato de apacentar el rebaño, indican, sin lugar a dudas, que ni la peor de las faltas podría impedir jamás que la salvación del Señor, alcanzada a través de la Cruz, abra un camino nuevo y pleno de gracia para los pecadores.

En él, el discípulo acobardado que negó conocer a su Maestro, estamos representados todos nosotros, con nuestras inconsistencias y miserias, nuestros lamentables intentos de disimular la fe para no desentonar en el ambiente donde nos encontramos y nuestros silencios, cuando se hacía necesario decir una palabra iluminadora. Como sucedió con Pedro, la fuerza y apoyo no están en una voluntad fuerte, sino en el poder de la palabra de Cristo que, ante nuestra debilidad, nos envía, en su nombre, a ser sus testigos en el mundo. ¡Dichoso el discípulo que escucha el mandato de su Maestro y ponga manos a la obra!

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