Mensaje de Mons. Juan de Dios Hernández Ruiz, SJ, obispo de Pinar del Río. Comentario del evangelio del III Domingo de Pascua, 1 de mayo de 2022

        

Queridos hijos e hijas soy Mons. Juan de Dios Hernández, obispo de esta diócesis.

Acabamos de escuchar la narración del evangelio que la liturgia de la Iglesia nos ofrece para este Tercer Domingo de Pascua. En ella San Juan ubica a los discípulos en un contexto misionero. Salieron a pescar a oscuras, porque, cuando los discípulos se adentraron en el lago, aún era de noche. Sin luz, que es Jesús, no se puede trabajar; y la prueba será que la pesca resultó infructuosa. Por el contrario, cuando Jesús les dirigió el mandamiento misionero de echar las redes, esta vez ya de día, consiguieron llenarlas de manera insólita. Solo entonces reconocieron a Jesús.

Al igual que en la tumba, el discípulo amado reconoció la presencia misteriosa del Maestro, y será Pedro, a la cabeza del grupo, quien se lance el primero a seguirlo, marcando al resto del grupo el camino de la evangelización que les aguarda.

En la escena descubrimos que se respira una atmósfera especial, como si estuviera envuelta en un halo sobrenatural, de misterio y de misticismo, como esa experiencia de estar en medio de la niebla.

Aquí se mezcla lo visible y lo invisible en una misma realidad. Ven y no ven. Miran y no reconocen. Es esa especie de incerteza de «si será o no será el Señor»; ese titubeo de querer preguntar a Jesús si es Él en verdad; pero, al mismo tiempo, un respetuoso temor porque, en el fondo, saben que es Él…

Es una sensación muy extraña, pero estoy seguro de que todos la hemos experimentado en más de una ocasión. Sentimos presente a nuestro Señor en la oración, pero dudamos si es realmente, aunque la fe y el corazón nos invitan a no temer. O cuando lo sentimos actuar en nuestra vida de mil maneras distintas: en un amanecer, en una experiencia hermosa, en una amistad, en un gesto de cariño o en una palabra de consuelo, en una bella sorpresa, en la solución inesperada de un problema… Sabemos que es Él, aunque no lo vemos con los ojos corporales…. Por eso quiso educar a sus apóstoles a vivir desde entonces en esta nueva dimensión.

Aquel grupo de discípulos se reunían en torno a Pedro, figura que jugará un papel clave en el futuro desarrollo de la Iglesia. Sus sucesores, con sus debilidades y fortalezas inherentes a cualquier humano, han dirigido el pueblo de Dios, peregrino en la tierra. Al respecto, el Papa Francisco expresó: “El camino continúa”. Y es que a lo largo de los siglos los cristianos, junto al Sucesor de Pedro, continuamos tras las huellas del Resucitado, haciéndolo presente y dándolo a conocer a nuestros hermanos.

Otro momento impactante en este pasaje es el diálogo de Jesús con Pedro. No olvidemos que días antes, la noche en que Cristo había sido arrestado, Pedro, el primer Papa de la Iglesia Católica, había negado tres veces tener cualquier tipo de relación con Aquel que había sido encarcelado.

Pedro nos recuerda que somos débiles y pecadores, que a pesar de los conocimientos y deseos por vivir de forma radical nuestra entrega a Dios, en muchos momentos nos flaquean las piernas y tratamos de mantener la vida tranquila y sin riesgos.

Pero esta situación no se puede sostener por mucho tiempo, sobre todo cuando la experiencia personal de encuentro con Dios nos ha llevado a abandonarlo todo para seguirlo. Cuando hemos sido testigos de sus palabras y acciones. Cuando somos conscientes de que su causa es justa y él es inocente. Por eso después de negarlo tres veces, el evangelista nos dice que Pedro lloró intensamente.

Hoy se encuentra nuevamente con el Señor. Cara a cara. Y hoy Jesús le pregunta tres veces cuáles son sus sentimientos. Cada respuesta es un borrador para aquellas negaciones. Cada respuesta es una profesión de fe: “Tú sabes que te quiero”, “Tú lo sabes todo, Tú sabes que te quiero”. Y ante cada respuesta se recibe una misión: la de apacentar, cuidar de sus ovejas.

Jesús le recuerda que ha sido escogido para guiar a la Iglesia, ser la persona de referencia a la que nos dirigimos en este mundo. El Papa Francisco es el número 267 en la sucesión apostólica.

Al reflexionar sobre el texto de hoy, pensemos en nuestras debilidades, pero también en las oportunidades diarias para volver a incorporarnos al camino de Dios. Él nos invita nuevamente a echar las redes y anunciar su mensaje, y como a Pedro, nos pregunta: “¿Me amas?”

Que María de la Caridad, Testigo del Resucitado, impulse nuestro caminar.

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s