Mensaje de Monseñor Juan de Dios Hernández Ruíz, sj. Domingo 9 de mayo, VI de Pascua

Queridos hijos e hijas, soy Mons. Juan de Dios Hernández Ruíz, Obispo de la diócesis de Pinar del Río que ocupa los territorios de las provincias civiles de Pinar del Río y parte de Artemisa. Soy pastor de todos.

El evangelio de hoy es la segunda parte de la alegoría de la vid y los sarmientos que escuchamos el domingo pasado. Son las mismas ideas, pero con un lenguaje más explícito y aplicadas a la vida práctica. Así, el imperativo “permanezcan en mí” – como los sarmientos en la cepa- convierte en “permanezcan en mi amor”, y la imagen del “dar fruto” se concreta en “el mandamiento del amor fraterno”.

Este amor es permanente, vive de entregas, engendra alegría, florece en amistad y cosecha muchos frutos de vida.

Dios es amor: es el misterio insondable, es la verdad que ilumina y sostiene el vacío, es la energía que crea irrumpiendo en la nada, es la belleza que armoniza el caos y lo convierte en cosmos. Decir Dios “es” quiere decir “Dios ama”, está hecho de amor, y solo sabe amar; todas sus acciones brotan de esa fuente misteriosa. El amor es lo primero y lo último, es la clave para interpretar la existencia. No es cuestión de química, como ha dicho algún científico, sino que la química es cuestión de amor, y la física, y la psicología, y la teología. El amor es divino, el amor es Dios.

Si esta es la definición de Dios, quiere decir que donde está Dios, allí hay amor. Entonces todo el que se acerque a Dios tiene que amar, cuanto más cerca de Dios, más tiene que notarse su amor.

Pero amor de verdad. No llamemos amor a cualquier cosa, porque luego vienen los desengaños. Manchamos la palabra con nuestras suciedades, y se confunde entonces con egoísmo o ligero sentimentalismo. Hablamos de amor auténtico, limpio, entregado. No es difícil: miremos a Jesucristo. Su amor es la traducción humana del amor de Dios.

Este amor que es de amistad: abierto, limpio, generoso. Pensemos por un momento en nuestras amistades. ¿Es así nuestra relación?

Es un amor duradero: fiel, incondicional, seguro, para siempre. ¿Tenemos el valor de comprometernos en el proyecto de noviazgo y matrimonio con la idea de que él o ella serán mi pareja para toda la vida?

El amor de Dios es un amor generoso: lo da todo, hasta su sangre. ¿Somos capaces de entregarle parte de nuestro tiempo a alguien que lo necesite?

Es un amor gratuito: “El amor de Dios es un milagro de gratitud”. ¿Somos conscientes de esta realidad o nos creemos superiores a los demás?

El amor de Dios es un amor gozoso: Nada gratifica más que el amar y ser amado. Esta alegría de Jesús en el amor es parte de nuestra identidad. ¿Vivimos y contagiamos la alegría de habernos encontrado con Cristo?

Y es un amor fecundo: Una vida sin amor es vacía.

Hoy celebramos el Día de las Madres. Ellas son maestras del amor de Dios en las familias. Madres, abuelas, tías, madrinas, se entregan cada día en la educación de los más pequeños de casa, quienes a sus ojos nunca crecen, porque el amor supera el tiempo, y las lleva a vernos siempre como los hijos pequeños a quienes ellas custodian como fieras cuando la vida comienza a dar sus lecciones. Hoy las felicitamos y le agradecemos. En especial a las madres de los niños enfermos o con discapacidad, porque se han consagrado a sus cuidados, cambiando sus vidas, para entregarles el amor generoso y duradero del que compartíamos hace unos instantes.

Pidamos por todas las madres, para que nuestra sociedad, nuestra Patria, pueda contar siempre con mujeres dispuestas a aceptar a los hijos que Dios les da, los eduquen con responsabilidad y los dejen libres para tomar sus propios caminos.

Hoy pienso también en tantas mujeres que tienen limitaciones físicas para ser madres, o en aquellas que han hecho opción a la vida religiosa. A todas ellas llegue también mi felicitación en este día, porque son capaces de entregar el mismo amor a niños, ancianos, hombres y mujeres necesitados de manos que por amor, les muestren que Dios es amor.

Que María de la Caridad, Ella que es Madre por excelencia, nos enseñe a permanecer unidos a Dios en el amor

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