Mensaje de Monseñor Juan de Dios Hernández Ruiz, Obispo de Pinar del Río. V Domingo de Pascua, 2 de mayo de 2021

Queridos hijos e hijas, soy Mons. Juan de Dios Hernández Ruíz, Obispo de esta diócesis de Pinar del Río que ocupa los territorios de las provincias civiles de Pinar del Río y parte de Artemisa. Soy pastor de todos.

Hoy hay una palabra que retumba en nuestros oídos, sobre todo por la autoridad y la frecuencia con que la escuchamos: “Permanezcan”. Esa es la invitación de Jesús a través de su Evangelio.

La frecuente repetición hace comprender de inmediato que es la palabra clave del texto. De esa manera se pone el acento en la comunión profunda e indestructible que debe haber entre él y aquellos que creen en él. Consecuencia del “permanecer” es dar fruto copioso. Es algo que el Padre- Viñador realiza con cuidado. La segunda expresión importante del texto es “dar fruto”. Dar fruto es condición de vida para todos y cada uno de los sarmientos.

Cristo quiere que esté unido a Él, no sólo para que yo pueda seguir vivo, es decir en vida de gracia, sino también para que mi testimonio como cristiano sea verdadero y coherente, mi oración debe ser un querer llenarme de Dios para después poderlo transmitir.

El Papa Francisco, en su homilía del 3 de mayo del 2015 nos recordaba que: “Jesús es la vid y a través de Él –como la linfa en el árbol– hace llegar a los sarmientos el amor mismo de Dios, el Espíritu Santo. Es así: nosotros somos los sarmientos, y a través de esta parábola, Jesús nos quiere hacer entender la importancia de estar unidos con Él.

Los sarmientos no son autosuficientes, sino que dependen totalmente de la vid, en la cual se encuentra el manantial de la vida de ellos. Así es para nosotros los cristianos. Insertados con el bautismo en Cristo, hemos recibido de Él gratuitamente el don de la vida nueva y podemos quedarnos en comunión vital con Cristo”.

Nuestra vida tiene un sólido fundamento. Hemos sido elegidos por el dueño de la Viña para injertarnos en la vid y dar buenos frutos. Por tanto, por naturaleza, somos de “buena estirpe”. El problema es que no somos conscientes de esta realidad. Estamos llamados a vivir radiantes, creativos, productivos, felices en nuestras realizaciones, dejando que se exprese la fuerza vital escondida en la raíz.

Pidamos a Dios que nos ayude a ser capaces de darle a los demás el mismo amor que cada uno de nosotros recibimos de Jesús. Y que vivamos nuestro bautismo por el que fuimos injertados a Cristo, la vid verdadera y fecunda.

Que la Virgen María, modelo de unión a Cristo nos ayude a seguir su ejemplo.

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