Mensaje de Monseñor Juan de Dios Hernández Ruiz, sj, Obispo de Pinar del Río. IV Domingo de Pascua, 25 de abril de 2021

Queridos hijos e hijas, soy Mons. Juan de Dios Hernández Ruíz, Obispo de esta diócesis de Pinar del Río que ocupa los territorios de las provincias civiles de Pinar del Río y parte de Artemisa. Soy pastor de todos.

Hoy la Iglesia celebra a Jesús Buen Pastor. Cristo hablaba en lenguaje sencillo, utilizando similitudes con acontecimientos y costumbres del pueblo. Una de estas imágenes es la del pastor, profesión común en el pueblo de Israel donde desde el Antiguo Testamento se dan a conocer personalidades relevantes en nuestra Historia de Salvación que se dedicaban a cuidar los rebaños. Es el caso de Moisés, al que el Señor se le revela en la zarza ardiendo mientras cuidaba su rebaño; o de David, que había desarrollado una gran habilidad para proteger las ovejas de las fieras, utilizando una honda.

Jesús se identifica como el Buen Pastor, y seguidamente trae a la luz las características que lo hacen especial: Es consciente de que su cometido no se limita a un grupo reducido, en este caso el pueblo judío, sino que su misión adquiere un carácter universal. Las ovejas a las que tiene que atraer se encuentran más allá de cualquier institución humana, y están unidas a él por medio de la acción del Espíritu Santo, que hace que todos seamos hijos de Dios. Por este motivo, Jesús se siente libre de actuar y de dar incluso la vida, tanto por sus ovejas más próximas como por las más alejadas. Pone en primer lugar a sus ovejas, y muy posteriormente a él mismo.

En la comunidad cristiana el poder se entiende como servicio y entrega. La imagen del pastor es muy apropiada por su humildad, su ternura y su generosidad.

El pastor no está para aprovecharse del rebaño o engordar a costa de las ovejas. Está para dirigirlas y cuidarlas.

Jesús mira más lejos y ve muchas ovejas dispersas y muchos rebaños distintos. Él quiere atraerlos, que todos los rebaños se encuentren y lleguen a formar un solo rebaño con un solo pastor y salvador.

El pastor tiene que ser valiente para defender a las ovejas de los lobos, tiene que ser generoso, para no aprovecharse de las ovejas, al contrario, que busque siempre su bien; tiene que ser experto, que sepa conducir al rebaño por senderos adecuados y proporcionarles el alimento conveniente, evitando los pastos venenosos; tiene que ser sacrificado, que no busque su comodidad, siempre vigilante para proteger y favorecer a su rebaño.

Todas estas cualidades se pueden resumir en dos: conocimiento y amor.

El buen pastor debe conocer a todas y cada una de sus ovejas, a la vez que debe conseguir que las ovejas lo conozcan a él. Esto no es posible si no hay acercamiento y trato frecuente. Debe conocer a cada una por su nombre, pero dando al nombre toda su profundidad, conocerla no sólo por fuera, sino toda su identidad.

El buen pastor ama a todas y cada una de sus ovejas, amor de amistad, de servicio y de entrega. Por sus ovejas vive y se desvive, se cansa y se gasta. Por sus ovejas arriesga su vida y da su vida; incluso se convierte para ellas en pasto y medicina.

Somos ovejas del rebaño del Señor. Dios nos conoce a cada uno, sabe nuestro nombre y nos cuida por sobre todas las cosas.

Pidamos en el día de hoy por todos los sacerdotes, para que seamos “pastores con olor a ovejas”, como nos pedía el Papa Francisco, que conozcamos a nuestro rebaño y estemos dispuestos a sacrificarnos por él, para que pueda reposar en verdes praderas.

Que María de la Caridad nos acompañe siempre.

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