La carta de las Siervas de San José

Texto de la sección radial una “Luz en la Oscuridad” que salió el viernes 16 de abril en el “Suplemento en Detalles” de la Red Católica Juvenil Cubana

Por Julio Pernús Santiago*

Por estos días ha sido noticia la carta abierta de la hermana Ana Elena Lima, Sierva de San José y directora de un hogar de ancianos de la iglesia católica en La Habana. El motivo de su escrito fue la imposición  de una baldía  multa de dos mil pesos por no cumplir con las medidas higiénicas dentro de la institución. En las redes sociales se han suscitado diversos comentarios sobre el asunto e incluso informaciones que han sido desmentidos por la propia Ana, pues en un momento apareció que le habían quitado la multa, luego, ella misma publicó que la había pagado.

Dentro del debate sobre su denuncia hay un tema que no debemos perder de vista y  es el saber que  cuando una religiosa recurre a esta vía comunicativa pública, a través de su página personal en Facebook, intentando canalizar lo que considera una injustica; nos da un nivel de alarma sobre el deterioro tan grande que sufren las instituciones oficiales, encargadas de responder a este tipo de demandas.

Cada día los ambientes digitales se van transformando en los foros de mayor democracia para construir el tejido social de nuestra nación. Lo que ha sucedido con la carta de la religiosa Siervas de San José, demuestra que se siguen sumando voces desde la Iglesia para aportar al necesario diálogo nacional que contribuya a democratizar las instituciones existentes.

Una religiosa me preguntaba por interno ante esta situación, sino creía que las hermanas se arriesgaban a que le cerraran su asilo por hacer público lo de la injusta multa de 2 mil pesos, al final me dijo: “eso es algo que pueden pagar y si les quitan el asilo los más perjudicados son los ancianos que allí residen.” Sé que los miedos de antaño nos carcomen hasta la saciedad, pero el servicio que prestan las Siervas de San José no es un favor que le permite realizar el estado. Más bien, yo diría, que su necesaria gestión es la que el estado debería agradecer y estimular, pues le brindan un servicio de calidad a toda la nación. El reclamo nunca fueron los 2 mil pesos, sino la arbitrariedad de la multa.

Al final es verdad que tuvieron que pagar, pero la carta pública de la hermana Ana servirá de antecedente para no quedarnos callados ante la injusticia. Cada vez más la Iglesia en Cuba encuentra caminos disímiles para acompañar al pueblo. Deseo terminar invitando a los oyentes a que sigan la novena a la Virgen de la Caridad que de forma virtual está llevando con mucho acierto la plataforma digital “Pensemos Juntos”, es una lida invitación a rezar de forma encarnada por nuestra nación.

*Comunidad de la Asunción en Guanabacoa, Arquidiócesis de La Habana.

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