Mensaje de Monseñor Juan Gabriel Díaz Ruiz, Obispo de Ciego de Ávila. Domingo de Resurrección, 4 de abril de 2021

Muerte y vida, humillación y gloria, sufrimiento y salvación; son, al parecer, realidades contrarias, como si la afirmación de una negara la otra; sin embargo, el Misterio Pascual de Cristo, es decir, su Pasión, Muerte y Resurrección, está lleno de estos aparentes absurdos: de Jesús se nos dice que ha muerto crucificado, pero ha resucitado y está vivo para siempre, y por su muerte nos ha alcanzado la vida eterna; Él, siendo el Hijo de Dios, sufrió la humillación y el desprecio de quienes lo condenaron a muerte y lo odiaban, sin embargo, el haberse hecho el último de todos, por amor a nosotros, ha sido la causa de que su Padre Dios lo haya puesto por encima de todas las cosas y sea “el Señor”; los terribles sufrimientos por los que pasó, en vez de destruirlo y sellar, junto a la muerte deshonrosa en la cruz, su fracaso completo en la misión para la que vino al mundo, han sido, por el contrario, la causa de nuestra salvación, porque el sacrificio voluntario de su vida por la Humanidad nos ha salvado del pecado y de la muerte.

Hermanos: nosotros, como los discípulos entonces, necesitamos cambiar nuestra equivocada mentalidad y comenzar a mirar el mundo con los ojos de Dios. Los discípulos fueron capaces de comprender lo sucedido con su Maestro y de recordar las innumerables ocasiones en las cuales Él les había anunciado de antemano lo que acontecería en Jerusalén, solo después de la Resurrección, bajo la iluminación del Espíritu Santo; antes estaban ciegos y sordos por las falsas ilusiones y proyectos que se habían construido con respecto a Jesús y su misión. El evangelio de esta mañana

de Resurrección lo expresa muy bien: “Pues hasta entonces no habían entendido la Escritura: que él había de resucitar de entre los muertos.”

La Fiesta de la Resurrección nos invita a confiar absolutamente en Dios, porque solo Él es capaz de, como dice un refrán, “escribir derecho en renglones torcidos”: sacar de la muerte, vida; de la humillación y el sufrimiento, gloria y salvación. La Resurrección de Cristo nos da la certeza de que “para Dios nada hay imposible”, como dijo el ángel a la Virgen María en la Anunciación; así que, digamos todos, con alegría y esperanza: “¡Cristo ha resucitado! ¡Aleluya!

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s