Mensaje de Monseñor Dionisio G. García Ibáñez, Arzobispo de Santiago de Cuba. Domingo 21 de febrero de 2021. I de Cuaresma

Hermanos,

Todavía con el recuerdo del Miércoles de Cenizas, con la imposición de las cenizas en nuestra frente, recordándonos que estamos en un tiempo de penitencia y para aquellos que no pudieron ir al templo, por los motivos que ya sabemos, se recogieron en su hogar y se dieron cuenta que ya comenzábamos la Cuaresma. Son cuarenta días, es decir, como si fuéramos a subir una gran loma, vamos a decir la loma del Calvario (que a Cristo siempre lo representamos en el monte Calvario) y entonces nosotros durante la Cuaresma vamos a acompañar a Jesús también: Tú que moriste por mis pecados, yo quiero pedirte perdón, convertirme y me duele mucho que hayas muerto por mis pecados, danos la gracia de serte fiel.

Pues bien, hermanos, vamos a ver las lecturas de hoy. En primer lugar, volvemos al Miércoles de Cenizas, día que nos pide dos cosas fundamentales: la honestidad y la verdad; acuérdense que todo lo que hagas, hazlo con humildad, en silencio… todo el bien que puedas hacer. Hay veces que nos cuidamos de que el mal que podemos hacer lo ocultamos y el bien lo exaltamos; todo el bien que tu hagas, hazlo en nombre del Señor sabiendo que a quien le agrada es al Señor y ese bien todo lo que se hace a sus hijos a Él le agrada, y por lo tanto vive en verdad. Decíamos que podemos engañar a todos los demás, aun a nosotros mismos; pero a Dios no podemos engañarlo. Recuerden aquella frase de san Agustín que debemos tener en la mente: “Dios es más íntimo a nosotros que nosotros mismos porque nos conoce más”. Entonces tenemos que comenzar la Cuaresma tratando de vivir en honestidad y verdad, ese es el presupuesto para vivir la Cuaresma.

La primera lectura de hoy trata de esa alianza que hace Dios con el hombre. Nosotros sabemos que en el libro de Génesis está la historia de la Creación, es un relato catequético para transmitirnos verdades que, claro, en aquel momento la manera que tenían los hombres eran los relatos. ¿Que esos relatos son falsos? ¡No! ¿Ocurrieron así mismo? ¡No! ¿Lo que dicen es verdad o es mentira? ¡Es verdad! Lo que pasa es que en aquellos momentos la verdad se tenía que explicar de esta manera. Ahora mismo con todo esto del coronavirus y de leer el ADN y el ARN y esas cosas… eso es algo de iniciados, nosotros nos quedamos, perdonen la vulgaridad, tal vez botados porque ¿sabemos la vacuna cómo funciona? No, pero está ahí.  Porque la manera que tenemos en este momento de explicar las cosas es así, en aquella época era de esta manera. ¿Qué verdad nos quiere transmitir este relato? Pues este relato nos quiere transmitir que Dios, que ha creado al hombre, que es el Dios de la vida, que es el Dios de la historia, no quiere que el hombre muera, fallezca, sea destruido sino al contrario, Dios hace una alianza y quiere salvar al hombre, quiere ser misericordioso con el hombre y Él quiere darnos la vida eterna, que nosotros participemos de su vida divina, eterna. Acuérdense de aquello, seremos como Él, ¿cómo? no sabemos mucho, pero, vamos a participar de la felicidad de estar con Dios y con los hermanos.

Entonces en el libro del Génesis se nos dice que Dios hace la promesa de que no va a destruir al hombre. Recuerden el relato de Abel y Caín, a pesar del pecado de Caín, Dios dice: este no puede ser destruido, nadie puede destruirlo… porque la vida es de Dios.

En la carta que hemos leído de Pedro, ¿qué cosa se recalca? Y voy a leer una partecita… Cristo murió por los pecados una vez y para siempre, el inocente por los culpables, para conducirnos a todos a Dios. Es decir, aquella promesa “el hombre no será destruido”, esa promesa se cumple en Cristo Jesús y más adelante nos dice cómo nosotros podemos alcanzar esa promesa, dice: “el diluvio fue un signo del Bautismo que actualmente le salva, que no consiste en limpiar la suciedad corporal aunque utilicemos agua, sino en orar a Dios, pedir de Dios una conciencia pura, porque por la Resurrección de Cristo Jesús hemos alcanzado la salvación y ya está sellado ahí el compromiso de Dios que no quiere condenar al hombre”. Es decir, eso es lo que nos asegura este texto de la carta de Pedro. Fijémonos bien, Dios se compromete con el hombre, eso es lo que hemos rezado en el salmo “Tus sendas, Señor, son misericordia y lealtad para los que guardan tu alianza”, es decir para los que nos acercamos con humildad pidiéndole: Señor, tú tienes palabras de vida eterna. Pero hermanos esto hay que hacerlo siempre, no en un momento de nuestra vida y después no.

El primer domingo de Cuaresma es clásico: las tentaciones. Algo tan corriente, todos somos tentados y tal vez muchos son o somos frecuentemente tentados porque eso forma parte de la vida. No en balde las tentaciones vienen en los evangelios después del bautismo cuando Jesús empieza a salir a predicar, ahí mismo comienzan las tentaciones.

¿Qué cosa es una tentación? Es algo que despierta en nosotros un deseo de realizar algo, ya sea bueno o malo; porque yo puedo tener tentación de comerme un dulce que es algo sabroso, esa es una tentación que solo rechazan los diabéticos, los demás, caemos en la tentación de comernos un dulce. Pero aquí hablamos de las tentaciones que nos apartan de Dios, que nos apartan de la alianza que Dios ha hecho con nosotros; y entonces la tentación hace que la parte que nos corresponde en todo contrato o alianza, nosotros la rechacemos. Acuérdense de aquella película “La última tentación de Cristo”, aquellos que somos mayores quizá nos acordamos que despertó un revuelo tremendo, para darnos cuenta que las cosas son pasajeras. Y se veía cómo Cristo fue tentado, claro si es lo más natural, porque la tentación forma parte de la naturaleza humana y si Cristo se hizo en todo como nosotros menos en el pecado, fue tentado. Ahora lo que Cristo sí supo rechazar la tentación, por eso este pasaje nos enseña y nos dice que nosotros también somos capaces de rechazar la tentación y que está ahí, hay veces que viene sin buscarla, y otras las buscamos.

Por eso es que la Iglesia nos enseña desde pequeños y tal vez hay que enseñarlo más: Señor no nos dejes caer en la tentación; y otra que dice: Señor, ayuda a que yo me aparte de las tentaciones porque puede ser que yo soy tentado y no me desagrada mucho y puede ser que permanezca en esa tentación… el Señor nos dice: ¡Cuidado, cuidado! Porque va tanto el cántaro al pozo que un día se rompe y se cae. El Señor nos dice, no se asusten con las tentaciones, pero sí traten de apartarse de ellas.

Las tentaciones forman parte de la vida, nos atrae y, vamos hablar solo de la parte negativa, para hacer el mal. Hay que apartarse. Además, los católicos somos instruidos en esto, la educación católica es una educación que nos hace responsables de nuestra vida. Aquí vemos en Marcos, el más pequeño de los tres evangelios sinópticos y solamente Marcos lo anuncia, pero nosotros sabemos las tentaciones de Jesús fueron tres. La primera tentación que se puede resumir en esto, y tiene que ver con las cosas que nos rodean en la vida, ya sean materiales o aquellas cosas de tipo afectivo que nos tientan y a las que nosotros tendemos. Si nosotros esas cosas las convertimos en el centro de nuestra vida, hemos caído en la tentación y nos hemos apartado de Dios porque hemos hecho las cosas, las personas, los sentimientos, como el centro de nuestra vida y lo que hago es seguir y dejarme llevar. Entonces, ¿qué nos quiere decir eso? Que nosotros no podemos poner las cosas, las personas que nos rodean, aquellas pasiones que están en nosotros, que no están de acuerdo con la Palabra de Dios por lo tanto sabemos que no nos hace bien, nosotros no podemos ponerlo como lo primero. Y hay veces que nos desesperamos si no lo alcanzamos, y cuando eso sucede es que ya estamos poniendo esta tentación, ese deseo, esa cosa, esa persona por encima de Dios. Esa es la primera tentación. En la película que les hablé, la tentación era que Jesús se había enamorado de María Magdalena, pero él supo que tenía que cumplir con la voluntad del Padre. Señor, haz que se aparte este cáliz, pero yo tengo que cumplir tu voluntad, es decir no hay que tenerle miedo a la tentación, tenemos que apartarnos de la tentación. Porque siempre sabemos que la fuerza de Dios está en nosotros y que el Señor nos prueba hasta un punto en el que nos puede dar fuerza para salir. Esa es la primera tentación, cuando ponemos las cosas, las personas, las pasiones nuestras, por encima de la Palabra de Dios y de Dios mismo. Por eso hay una oración que me gusta mucho y que a lo mejor he repetido varias veces en estas misas, que dice: Señor, enséñame a usar las cosas honestas de la vida de tal manera que no sea un obstáculo para alcanzarte a ti. Eso hay que pedirlo siempre.

La segunda tentación es de la fe y que puede ser que nosotros estemos en eso. ¿La tentación de la fe cuál es? Yo tengo fe, pero quiero que Dios me lo demuestre con sus obras, con su poder, para poder estar seguro. Fíjense bien, si nosotros buscamos esas seguridades, ya la fe se diluye. Acuérdense bien que fe es seguridad en lo que se espera y prueba en lo que no se ve. La fe es aquello que nosotros tenemos independientemente de que Dios se manifieste o no. Gracias a Dios que en nuestra vida todos nosotros hemos tenido momentos que Dios se nos ha manifestado. Y eso lo sabemos todos, pero eso es tan íntimo, que solamente se queda en nosotros. Hay veces que damos un testimonio de esto pero se queda en nosotros.

La otra tentación es utilizar a Dios, que Dios se me manifieste. Esto tiene que ver mucho, hermanos, con la ciencia porque hay personas que quieren, y te dicen que solamente creen en aquello que ven y que solo puede ser demostrado y todo lo demás, y ustedes saben bien que eso es falso, hay tantas cosas que existen que nosotros no sabemos si existen, pero están ahí. Y hay muchas cosas que existen y nosotros no tenemos explicación científica o puede ser que describamos, decir fórmulas, etc. pero no llegamos al meollo del asunto, el sentido de la vida es una de esas cosas. Entonces querer demostrar la existencia de Dios con una fórmula matemática… ¿tiene que ver todo esto? Es la seguridad que el hombre busca.

Hermanos, nosotros somos seres contingentes, todo el esfuerzo que ha hecho la humanidad y que se sentía satisfecha de que ya no iba haber ningún problema…. Y ahora este bichito nos ha cogido… que no es ni bichito, esa fórmula de moléculas y de células nos ha cogido y nos ha sacado de quicio. Esto hay que meditarlo, no es solamente decir me voy a vacunar, sino que las cosas me hagan reflexionar en la vida, me tienen que hacer reflexionar. La vida tiene sentido y ese sentido lo da Dios que ha hecho un compromiso con el hombre diciendo: “yo quiero que tú tengas vida eterna junto a mí”. Hermanos, esa es la fe del cristiano y eso nos lo han enseñado en la Iglesia siempre y la Iglesia lo seguirá predicando porque eso forma parte de su naturaleza, de su vida.

La tercera tentación es el poder. Hay gente que coge le poder y no quiere soltarlo. Hay gente que coge el poder, habla mucho, dice cosas para justificar o para hacer que otra gente entienda que él tiene el poder y que tiene que seguir con el poder. Y esto pasa en todo, esto pasa en la familia, en una empresa, en una universidad, en una escuela, en la Iglesia, en la política, y no importa el sufrimiento del pueblo. Hermanos, el único poder es el de Dios, y la única fuerza de Dios es el amor y el respeto a la otra persona. Y todos somos tentados al poder. Hay veces que, como dice el refrán, hay gente que prefiere cortarse un ojo con tal de ser el jefe de los tuertos… algo así. ¿Por qué? Porque el poder los subyuga. Por eso se habla de machismo, el hombre sobre la mujer, y por eso se habla de tantas cosas; de la gente no quiere soltar ¡punto!, porque quiere seguir. El único poder es el de Dios, y el poder de Dios se manifiesta en el amor. Y cuando un poder se aparta del amor y del respeto al otro, ahí ya ese poder pierde la naturaleza de él.

Hermanos, fíjense que son tentaciones, y nosotros tenemos que huir de ellas, tenemos que apartarnos. La tentación de darle a las cosas el valor como si fuera Dios que sufrimos enormemente si no las tenemos, o no conseguimos esa persona con nosotros o lo que sea. La tentación de querer que Dios haga lo que yo quiera y de tener la seguridad, porque es un problema de seguridad… No, la fe es dejarse llevar por Dios. ¡Déjate! La Palabra de Dios es viva y eficaz, eso hay que repetirlo siempre: déjate llevar.  Y la otra, hermanos, si utilizamos el poder que es necesario y el poder es bueno, solamente es bueno para hacer le bien. El poder que se aparta del bien, no tiene justificación. Así estamos empezando la Cuaresma, empezamos diciendo que teníamos que vivir en honestidad y en verdad, y ahora nos está diciendo que estamos en un mundo lleno de tentaciones que hasta Cristo las sufrió pero que nosotros, con la fuerza de Dios, podemos vencer las tentaciones.

Que Dios nos ayude a vivir así.

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