Mensaje de Monseñor Juan de Dios Hernández Ruiz, Obispo de Pinar del Río. Domingo 14 de febrero de 2021

Queridos hijos e hijas, soy Mons. Juan de Dios Hernández Ruíz, Obispo de esta diócesis de Pinar del Río que abarca los territorios de las provincias civiles de Pinar del Río y parte de Artemisa.

Hoy escuchamos uno  de los tantos pasajes de curaciones de Jesús. Este hombre enfermo de lepra, sufría no sólo la enfermedad, sino el rechazo de todos los habitantes, pues la lepra era considerada como un gran castigo de Dios, el cual hacía a la persona indigna de convivir en el pueblo y el enfermo era sentenciado a andar por los caminos lejos de cualquier mortal.

La fama de Jesús se había extendido por toda la región, suscitando esperanza en aquel pobre hombre que ya vivía la experiencia de marginalidad. Jesús era su única esperanza, y por eso se acerca a él suplicando de rodillas, porque las grandes peticiones requieren que nos postremos con humildad. Y antes de que Jesús pronunciara cualquier palabra, el leproso imploró por su salud.

La respuesta de Jesús no se hizo esperar, no hubo preguntas, ni aclaraciones, ni reclamos: “Sí quiero curarte… Sí, queda limpio”. Jesús es compasivo, padece con quien se acerca, sufre con cada persona que sufre. Se da completamente, se involucra en el dolor y la necesidad de la gente… simplemente, porque Él sabe y quiere padecer con ellos; porque tiene un corazón que no se avergüenza de tener compasión.

La compasión lleva a Jesús a actuar concretamente: a reintegrar al marginado. Y éstos son los dos conceptos claves que la Iglesia nos propone hoy en la liturgia de la palabra: la compasión de Jesús ante la marginación y su voluntad de integración.

El leproso es uno de esos hombres que se acercó a Jesús para que le curase. Como los demás, reconoció en Cristo al Salvador. Pasó por su vida y creyó en él como en él único que podía remediar sus males. Para Jesús el caso no presentaba novedad. Lo que sí impresiona es que el leproso se expresa en unos términos inauditos: “Si quieres, puedes curarme”. ¿Sería posible que Cristo no quisiese? Si así sucediera estaríamos perdidos. Fuera de Cristo, ¿dónde puede encontrarse la salud?

Aquel hombre conoce a Cristo, profundamente. Sabe lo que hay en su corazón. Por eso se arrodilla. Por eso dice “si quieres”. Porque cree plenamente en que Cristo le ama. ¿Creemos nosotros esto? De nuestra confianza depende nuestra curación.

En estos tiempos tan tormentosos que hemos vivido, ¿hemos sido capaces de ponernos de rodillas ante Dios con el corazón sincero?

Esta semana comenzamos a vivir el tiempo de cuaresma. Cada año estas semanas son un regalo de Dios para que desde el reconocernos pecadores, arrepentirnos de nuestras faltas y acercarnos a Él, que cargó sobre sí el peso del pecado de la humanidad y le dio un nuevo sentido de redención.

No perdamos esta Cuaresma, a pesar de las limitaciones que este pequeño virus le ha impuesto al mundo. Nunca perdamos la esperanza, los milagros suceden todos los días.

Que la Virgen María nos acompañe en esta experiencia de abandono en las manos de Dios. Él siempre quiere limpiarnos”.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s