Mensaje de Monseñor Juan Gabriel Díaz Ruiz, Obispo de Ciego de Ávila. Domingo 3 de enero de 2020, Epifanía del Señor

El Hijo de Dios se hizo hombre y vino a este mundo para salvarnos. Aunque el nacimiento de Jesús fue un acontecimiento del que solo tuvieron conocimiento algunos pocos (a pesar de constituir la noticia más importante de la Historia), Él vino a salvarnos y por esta razón no se mantuvo hasta el final en el anonimato de una vida común y corriente; llegado el momento, Jesús comenzó a proclamar el cumplimiento de las promesas de Dios y a mostrar con los signos que hacía la veracidad de sus enseñanzas. Sabemos que su mensaje, el Evangelio que Él nos anunció, estaba dirigido no solo al pueblo de Israel, sino también a todas las demás naciones de la tierra, por eso, después de resucitar, envió a sus discípulos: “Vayan por todo el mundo y prediquen el Evangelio a toda criatura” (Mc 16,15). Pero esto no era evidente, ni mucho menos, cuando los  visitantes de María y José contemplaban a aquel niño recién nacido, frágil, indefenso y necesitado de los cuidados constantes de sus padres: ¿quién podía imaginarse que estaban ante el Salvador del mundo?, ¿quién podía sospechar que en ese niño se harían realidad todas las esperanzas de innumerables generaciones de creyentes…?

La fiesta de la Epifanía del Señor, es decir, de su manifestación como Luz del mundo y Salvador de la Humanidad, se propone avivar en nosotros la convicción de fe que tenemos sobre su verdadera identidad: es el Hijo de Dios hecho hombre. Los Reyes magos, en quienes están representados todos los pueblos del mundo, tributan la adoración que la Humanidad entera debe dar a quien vino a iluminar las tinieblas del pecado en las cuales estaba hundida; su búsqueda incansable del recién nacido, guiados por la luz de la estrella, es modelo de la que debiera ser nuestra actitud constante: el seguimiento fiel a Cristo, punto de referencia y meta de todas nuestras esperanzas. Acerquémonos también nosotros, como ellos, al pesebre de Belén, adoremos al Señor, que ha nacido para dar la vida por todos en la Cruz, y sigamos las huellas de nuestro Maestro, cargando nuestra cruz, como Él lo hizo por todos, hasta el final.

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