Centro Loyola San Miguel anuncia:


Los Centros Loyola en Cuba son una iniciativa de la Compañía de Jesús, orden religiosa de la Iglesia Católica fundada por San Ignacio de Loyola. Estos centros nacen como una propuesta apostólica ante los retos que van surgiendo en la sociedad cubana y la Iglesia, siendo una oportunidad de acercarnos a otras personas que ni la Pastoral Parroquial, ni los Centros de Espiritualidad que la Compañía de Jesús acompaña en Cuba, han podido llegar.      
El Centro Loyola San Miguel forma parte de una Red de 6 centros, los cuales se encuentran localizados en cuatro provincias del país: tres en La Habana, en los municipios de Centro Habana y San Miguel del Padrón, este último cuenta con dos de estos centros. El resto de los centros se hallan distribuidos en las provincias de Cienfuegos, Camagüey y Santiago de Cuba. 
De modo particular, nuestro Centro Loyola San Miguel se caracteriza por ofrecer una variada programación de cursos donde son beneficiados niños, niñas, adolescentes, jóvenes y adultos de la comunidad aledaña a los barrios de Juanelo y Rosalía. Actualmente las hermanas Esclavas de Cristo Rey se encuentran al frente de su dirección, congregación que tiene presencia apostólica en Cuba por más de siete años, y que también se identifican con la espiritualidad ignaciana.
Dentro de las diferentes actividades destinadas a niños y jóvenes se encuentran los cursos de las especialidades artísticas: danza, teatro, flauta dulce y traversa, guitarra y artes plásticas, además de la banda musical Loyola San Miguel, integrada por adolescentes y jóvenes del propio centro. Además, se ofrecen cursos de computación, idioma ingles y refuerzo escolar. Todo esto se complementa con la educación de valores humanos como amor, la solidaridad, el respeto, la fraternidad y la superación, lo cual forma parte esencial de nuestra misión como centro, para promover y desarrollar en las personas una formación que favorezca la transformación del entorno social en función del bien común, teniendo como base la Espiritualidad Ignaciana de cara a la realidad del mundo, que nos permite escuchar el llamado de Dios y responder a su voluntad poniendo en práctica la frase ignaciana de “en todo amar y servir”.
En el caso de las personas adultas también se les brindan cursos de computación, idioma inglés y manualidades. También se ofrece consultas de orientación psicológicas a la población interesada, además se trabaja con grupos de personas que buscan ayuda profesional para Reflexión y Apoyo emocional.
Este año se han visto afectadas todas las actividades que habitualmente se desarrollan de manera presencial en el centro debido a la pandemia covid-19, desde el pasado mes de marzo. Por este motivo el discernimiento ha sido clave, a la hora de tomar decisiones tan difíciles como el cierre temporal del centro, y la realización de actividades a distancia. Durante los últimos meses se tomó como iniciativa acompañar desde las casas a los niños, niñas y adolescentes que no pudieron finalizar los contenidos de los diferentes cursos en los cuales se encontraban participando, por lo cual un grupo de colaboradores visitaron los hogares de cada uno para hacer entrega de las hojas de trabajo que prepararon los profesores para continuar aprovechando el tiempo en casa y ejercitando conocimientos. Por otro lado, una vez que se dispuso la nueva normalidad en la provincia de La Habana, los adultos que estuvieron dispuestos, pudieron reiniciar las actividades que habían quedado inconclusas de manera presencial en el centro, pero teniendo presente el cumplimiento con las medidas orientadas para evitar la propagación del virus. 


Con el objetivo de continuar organizando los preparativos para el comienzo del próximo curso el año entrante, tuvo lugar el primer encuentro de colaboradores del Centro Loyola San Miguel luego de varios meses de distanciamiento. En el encuentro se tocaron temas de gran importancia para la reapertura de nuestros servicios en la etapa post Covid-19, ya que se anunciaron las nuevas medidas que será tomaran para preservar la salud de todos los colaboradores y beneficiados. La alegría del reencuentro se reflejo en la mirada de cada colaborador, a pesar de no poder demostrarla de manera física. Importante fue también el intercambio de experiencias personales vividas durante esta difícil etapa, donde todos hemos tenido que afrontar una nueva forma de vida y de relacionarnos con las personas. Como buena familia que se preocupa por cada uno de sus miembros se generó este agradable reencuentro, convirtiéndose en un espacio para recordar que, a pesar de las dificultades, continuamos con un mismo objetivo: formar hombres y mujeres para los demás, siguiendo el modelo de Jesús como ideal humano a imitar en el servicio y en la relación con los demás. 

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