Mensaje de Mons. Juan de Dios Hernández Ruíz, sj, comentando el Evangelio de (Lc. 17, 1-6)

Queridos hijos e hijas, soy Mons. Juan de Dios Hernández Ruíz. sj, Obispo de la diócesis de Pinar del Río.

En el evangelio que acabamos de escuchar Jesús ofrece a sus discípulos tres enseñanzas breves. Una, sobre la necesidad de evitar el escándalo; otra, sobre la importancia del perdón; y la tercera es una llamada a mantenerse firmes en la fe. Son tres pilares sobre los que debe asentarse el edificio de nuestra vida cristiana. Los tres tienen una única piedra angular: la llamada de Jesús y nuestra acogida libre y amorosa de su proyecto de vida.

Si nos detenemos a pensar en las personas que hemos conocido a lo largo de nuestra existencia nos sorprenderíamos de la cantidad de testimonios edificantes, de personas ejemplares, coherentes, generosas con las que convivimos, pero tenemos la costumbre de fijarnos y hablar sólo de los escándalos que por ahí nos encontramos: Aquel joven, la vecina, “la cosa”… todos pasan por nuestro tribunal. Actuar así es parte de nuestras miserias.

Jesús hace una llamada de alerta hacia estas actitudes. “¡Ay de aquel que incite a pecar!”, que enseñe lo que no es correcto como acertado, que siembra confusión y provoca el pecado, que llama bien al mal y viceversa. ¡Cuántos comentarios así nos encontramos en estos tiempos donde somos víctimas de noticias manipuladas, de difamaciones, de desprestigios! ¿Qué difícil nos resulta seguir las enseñanzas de Jesús?

Sin embargo, no estamos en este mundo para juzgar, sino para dar un buen testimonio, perdonar y acoger. Y aquí viene el segundo sostén del cristianismo: la apertura al perdón. No importa la cantidad de veces que nuestro hermano se acerca arrepentido, ante todas ellas nuestra actitud debe ser el perdón, y muchas veces debemos perdonar aunque la otra persona no se arrepienta. En la cruz sólo un centurión reconoció a Cristo como Hijo de Dios y ocurrió después de su muerte, sin embargo mucho antes, ya Jesús había pedido al Padre el perdón para aquellos que lo estaban destruyendo físicamente.

Recordamos entonces otra enseñanza de Jesús: debemos quitarnos primero la viga que tenemos en nuestro ojo antes de criticar la paja que tiene el hermano. “El perdón y la reconciliación son uno de los asuntos en que Jesús más insiste. La gracia de poder perdonar a las personas y reconciliarlas entre ellas y con Dios se le dio a Pedro (Mt 16,19), a los apóstoles (Jn 20,23) y a la comunidad (Mt 18,18). La parábola sobre la necesidad de perdonar al prójimo no deja lugar a dudas: si no perdonamos a los hermanos, no podemos recibir el perdón de Dios (Mt 18,22-35; 6,12.15; Mc 11,26). Pues no hay proporción entre el perdón que recibimos de Dios y el perdón que debemos ofrecer al prójimo. El perdón con que Dios nos perdona gratuitamente es como diez mil talentos comparados con cien denarios (Mt 18,23-35). Diez mil talentos son 174 toneladas de oro; cien denarios no pasan de 30 gramos de oro.” ¡Cuán importante es que aprendamos esta lección de Cristo! Nuestras relaciones sociales serían muy distintas si no nos dejáramos vencer por las heridas que nos causan y que a veces son ocasionadas por susceptibilidades personales. Fijémonos mejor en lo de positivo que tenemos todos y en las acciones buenas que recibimos o somos capaces de ofrecer, porque la vida no es totalmente oscura y toda persona tiene de bueno y de malo en su vida. Así como nos sentimos ofendidos por los demás, muchas veces son los otros los que sufren nuestros pecados.

La tercera enseñanza que nos trae el Evangelio de hoy es el deseo de los apóstoles de que el Señor les conceda la gracia de aumentar su fe. Ojalá esta sea la oración de todos nosotros siempre, porque sólo desde la fe enraizada en Dios podemos llevar una vida según sus enseñanzas. “La pregunta de los apóstoles aparece como motivada por la orden de Jesús de perdonar hasta siete veces al día, al hermano y a la hermana que peca contra nosotros. Perdonar no es fácil. El corazón queda magullado y la razón presenta mil motivos para no perdonar. Solo con mucha fe en Dios es posible llegar hasta el punto de tener un amor tan grande que nos haga capaces de perdonar hasta siete veces al día al hermano que peca en contra de nosotros. Humanamente hablando, a los ojos del mundo, perdonar así es una locura y un escándalo, pero para nosotros esta actitud es expresión de la sabiduría divina que nos perdona infinitamente más.”

Que María de la Caridad interceda por nosotros para que seamos conscientes de nuestras miserias humanas y llenos de humildad pidamos siempre el don de la fe para conducirnos coherentemente por el camino de la vida. Que así sea.

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