Algunas claves sobre santa Teresa de Jesús

Ivette María Ramírez Gómez*

¿Qué duda cabe de que Santa Teresa de Jesús es de esas personas que una vez que la encuentras, la recuerdas para siempre? Así les ocurrió a quienes la conocieron. Algunos la juzgaron atrevida y visionaria, otros de “fémina inquieta, andariega, desobediente y contumaz”. Con semejante diagnóstico por parte del nuncio quizás nos quede claro que a la Santa no le fue tan fácil llegar a ser la mujer en la que se convirtió, ni en la Iglesia ni en su propio entorno, en pleno siglo XVI español. No obstante, quienes la han conocido de cerca o a través de sus escritos, pueden experimentar que están ante la genialidad de una persona de corazón grande y abierto. ¡Y no solo me refiero a la reliquia!

Tanto se ha escrito sobre ella, que nos parece muy tímido lo que podamos aportar. Más bien, la intención en este momento es recordar algunas claves personales de la Teresa que no solo es la fundadora del Carmelo Descalzo, la escritora espiritual más leída a lo largo de los siglos (“maestra de espirituales” le han llamado) y la primera mujer en ser reconocida doctora de Iglesia; sino que es alguien real, de carne y hueso, como decimos. Los que la vieron afirman que físicamente era hermosa. Su trato era tan agradable que continuamente recibía visitas y correspondencia de todo tipo de personas, desde el rey Felipe II, pasando por los grandes teólogos españoles de su tiempo, hasta la más humilde monja de cualquier convento, trabajadores sencillos, vecinos de aldeas y ciudades por donde pasaba. ¡Invariablemente recibían respuesta y atención! Tuvo el curioso don de hacer amigos por donde quiera y de conservarlos… Ella miraba a lo hondo de las personas, valoraba sobre todo las virtudes que tenían y los deseos de buscar y agradar al Señor. Era agradecida hasta de lo más mínimo y sabía encontrar una virtud allí donde otros tan solo veían miserias humanas. Teresa ha vivido con el Evangelio abierto en el alma y desde él ha leído y experimentado toda su realidad… especialmente a las personas.

Sus libros y sus cartas rezuman sentido común y alegría serena, por más que la quieran tildar de “loca” algunos concienzudos contemporáneos nuestros, basándose en las experiencias de encuentro íntimo que tuvo con el Señor, que nos dejó plasmada en sus obras escritas. En este hecho se ve que es propio de la ignorancia juzgar erróneamente lo que no es capaz de comprender. Y aunque muchos la reconocen como mística sobre todo por esas experiencias tan profundas y originales a las que me refiero, no es menos cierto que es su búsqueda continua del Señor y de su voluntad, el amor con el que le amó y se le entregó, lo que hacen de ella una auténtica discípula del Galileo que murió en la cruz y que Resucitó. La oración es su tema preferido y su camino más ampliamente transitado. Su anhelo para aquellos que amaba era despertarlos para que desearan ser orantes… y esa fue su invitación contante y sigue siendo aún para nosotros, que este 15 de octubre la celebramos universalmente. ¿Te atreves a dejarte invitar por ella?

*Comunidad La Catedral San Eugenio de la Palma, Diócesis de Ciego de Ávila.

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