Irma, Lía y René: Más allá de la sorpresa y el horror. Parte II

Por. Maite Pérez Millet

Si bien es cierto que desde sus primeras apariciones en la novela “El rostro de los días”, el personaje de René (actor: Roberto Espinosa) se fue ganando el desprecio de toda la teleaudiencia, por sus manipulaciones, devoción por el dinero fácil, servilismo, doble cara…este desprecio llegó a su punto máximo y desbordado cuando en una noche de diversión con Irma, su pareja, el exceso de tragos liberó sus ya sabidas malas intenciones y terminó violando a Lía, la hija adolescente de Irma. Lo que siguió después, el chantaje para imponer el silencio, su descaro para aparentar que no sucedía nada y su permanencia en la casa con Lía e Irma –esta última ajena completamente a lo sucedido- solo fue más chapalear en el fango.

La situación descrita sucedió en la novela, un producto audiovisual ficticio, pero con historias de vida que perfectamente pueden ser reales. Lejos de demonizar el rol, las relaciones, la persona de los padrastros, personas que en reiteradas ocasiones han sido los protagonistas de estos lamentables episodios de la vida cotidiana, me quiero referir al violador (pederasta), una persona que obtiene su satisfacción sexual abusando de otra, menor de edad. Independientemente de las particularidades individuales, el violador busca siempre la forma de acercarse a sus víctimas, algunas veces de forma persuasiva, lenta, otras veces de forma agresiva y repentina, en cualquier caso, ya pasó algún tiempo alimentando esta idea con la persona elegida. Es ahí cuando ser, o convertirse, en padrastro, tío, u otro vínculo de cierta cercanía y confianza, facilita la violación, generalmente sin la sospecha de los familiares de la víctima, la mayoría de las veces una menor, o un menor. La víctima puede ser de cualquier género, pues los pederastas pueden tener orientación sexual diversa, ser heterosexuales, homosexuales… En estos casos, son personas que de forma regular, muestran un comportamiento contrario a la agresividad, la violencia, aparentan cualidades que generan confianza y rápida cercanía, sobre todo en el inicio de su presencia. Que quede claro, el pederasta no viola porque es padrastro, viola porque es pederasta.

Quiero terminar estas líneas retomando el auténtico rol del padrastro. Ese que el diccionario de la Real Academia reconoce como marido de la madre que no es padre natural de los hijos previos de ella, pero que en incontables familias, han asumido responsablemente aquellas funciones que los padres biológicos incumplen, probablemente nos vengan a la mente algunos nombres. En honor a esos padrastros verdaderos, retomo una idea: no hay que temer a los padrastros, no hay que generar desconfianza, ni paranoia. Basta con que le demos a cada relación interpersonal el tiempo y la atención que necesita para conocerse, construir confianza, evitando las cegueras emocionales, reconociendo con objetividad las virtudes y defectos que van apareciendo y dándoles el valor que se van ganando poco a poco. No se puede correr antes de aprender a caminar.

Antes de la violación, René venía dando señales que el novio de Lía vio…Irma no. Su relación con el Machi, nació corriendo.

Comunidad Sagrada Familia, Centro Loyola Santiago de Cuba*

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