Nuestros Sacerdotes

Reflexión de la sección “Una luz en la oscuridad” del Suplemento en Detalles de RCJ- Radio, transmitida el viernes 17 de julio.

Por Julio Pernús*

El vocablo latino finis tiene dos significados: final y meta a alcanzar. En su libro “El hombre en busca de sentido”, Víctor Frank nos narra que “el  hombre  que  no  podía  ver el  fin  de  su  «existencia  provisional»,  tampoco  podía  aspirar  a  una  meta última  en  la  vida”[1]. Hoy, cuando muchas provincias se acercan al comienzo de la fase tres, los laicos necesitamos un mayor acompañamiento espiritual y accionar de nuestros sacerdotes, pues la pandemia, al menos desde la Habana, se ha encargado de mover el miedo razonable a retornar a la vida cotidiana a nuestras comunidades.

Dostoyevski  dijo  en  una  ocasión: “Sólo  temo  una  cosa:  no  ser  digno  de  mis sufrimientos”[2] . El miedo al contagio es razonable y los sacerdotes son seres humanos con toda la fragilidad que eso implica, también se pueden asustar o romper ante un organismo microscópico que pueda acabar con la provisionalidad de su existencia. Pero, ellos saben con certeza que el amor para nosotros los cristianos no es un sentimiento provisional, sino una entrega manifiesta de Dios que voluntariamente busca abajarse junto a su pueblo, suscitando una respuesta recíproca de amor en nosotros, sus hijos.

Cada sacerdote en estos días se vuelve un vehículo imprescindible para ayudar a discernir, en nuestra Iglesia cubana, los caminos más certeros a recorrer en la nueva normalidad. No podemos perder el contexto del envejecimiento nacional que convierte a muchos de nuestros pastores en grupo de riesgo, pensar en estos nuevos tiempos desde nuestra energía juvenil, también debe llevarnos a extremar las medidas de protección para ayudar a que la Eucaristía sea un espacio de bio-seguridad.

Eso implica que si tenemos algún síntoma gripal, evitemos poner en riesgo a la comunidad y sin que esto suene como un pensamiento economicista, preguntarnos ¿qué alternativas económicas podemos tomar para mantener los proyectos pastorales? Pues por ejemplo, en las Eucaristías que he participado no se ha pasado la cestica de las ofrendas para evitar manipulación de dinero y siento que nuestra colaboración, aunque no sea en grandes sumas, contribuía con el mantenimiento de algunos servicios. 

Por las redes sociales hemos visto a sacerdotes distribuyendo comidas, visitando enfermos, limpiando los templos; de ahí que la invitación sea el intentar acompañar esos esfuerzos, pues como me escribió un consagrado amigo: “Pernús, nosotros los sacerdotes cubanos, solos no podemos crear un ambiente comunitario de normalidad, necesitamos, hoy más que nunca, la ayuda de ustedes los laicos y sentirnos como un mismo pueblo de Dios”. 

*Colaboración desde Vida Cristiana


[1]Frankl, Victor. El hombre en busca de Sentido. Editorial Beacon Press; Austria. página 73.

[2] Ibídem 1-  página 69

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